A los 21 años, mayoría de edad entonces en mi país, partí a Buenos Aires. Mi mejor amiga de entonces se había casado y junto a su marido partieron a vivir allende los andes; debido a la instancia política que vivía entonces Chile; eran los tiempos de Salvador Allende y el país entero estaba revuelto.
Yo ya estaba trabajando, vivía con mis padres y el ambiente familiar no era el mejor; en realidad nunca lo fue. Vengo de un hogar disfuncional; como muchos; y ya estaba harta de las peleas y conflictos familiares. Sumado a eso, venía de terminar una relación de 3 años con Álvaro, mi novio en ese entonces...un noviazgo con proyecciones de matrimonio, que después de mucho pensarlo decidí terminarlo porque me di cuenta que el amor se me había ido del corazón y las manos.
En este marco estaba cuando Patricia, mi amiga me llama de Baires y me pide desesperadamente que vaya a acompañarla porque su situación matrimonial estaba malísima; Christian, su marido se había vuelto violento. Era mi amiga de la vida, y sin dudarlo ni un minuto siquiera, corrí a comprar el pasaje que me llevaría a esa ciudad de la cual me había enamorado algunos años atrás, en mi viaje de estudios.
Me fui sin saber cuánto tiempo estaría, sin saber si regresaba o no. Y allí, mi vida daría un vuelco de 180°. La vida cambia en 2 minutos...sabias palabras de un querido amigo; sólo hacen falta 2 minutos para que todo lo que viviste hasta ese momento, cambie en forma radical. Es lo que me ocurrió en Baires. Los 5 años que viví en esa hermosa ciudad fueron de dulce y de agraz. Yo era tan niña, tan ingenua, tan romántica.., tan incauta...! y Baires "me devoró hasta el riñón" como dice el tango.
Yo divido en dos partes mi estadía allí, la primera nada que decir, la pasé lindo; conocí, junto a un novio que tuve, lo mejor de la ciudad; yo parecía "huasa" mirándolo todo, estaba deslumbrada y me sentía "toda una mujer de mundo" viviendo la noche porteña y conociendo los mejores boliches. La segunda parte fue voraz. La pasé mal, re mal. Aún hoy, después de tantos años, al recordalo duele. Viví momentos límites : pasé hambre, me quedé en la calle solamente con lo que tenía puesto; recuerdo haber pasado una noche entera en Plaza Italia esperando el día para llamar a Norberto, un buen amigo argentino, para que me llevara al consulado de Chile y pedirles que me regresaran a mi país. Y fue Norberto el que no me dejó partir. Me ayudó, me tendió una mano y no regresé. Fue entonces que me di cuenta que él estaba interesado en mi, como mujer. Yo lo estimaba, lo encontraba buena persona, pero nunca me fijé en él como hombre.
Para hacer este cuento corto....terminé casándome con él. Talvez otro día narre en detalle todo lo que me ocurrió en "la ciudad de la furia", hoy tan sólo quiero contar que la única vez que me he casado fue allí y también allí nació mi único hijo, Diego.
Alcancé a durar 3 años casada y me escapé de Baires junto a Diego de regreso a mi país. Todo los conflictos que esto generó también son para contarlos en otra ocasión.
Todo lo que he narrado, en forma muy resumida, se debe a la muerte del Flaco Spinetta...porqué??, porque Diego es músico, y porque Spinetta lo inspiró y lo influenció en la música que él hace. Cuando supo que el Flaco se había ido, lo invadió una tristeza enorme; él lo admiraba como músico, como persona, sabía toda su vida musical, todas sus canciones.
Diego tenía 2 años y medio cuando me lo traje a Chile, se crió acá; viajó a Baires un par de veces, donde su padre; pero sus rasgos argentinos son fuertísimos, y es lo que me hace reflexionar esta noche...mi hijo creció acá, es más chileno que argentino, por la cantidad de años (ya tiene 35 años) viviendo en esta tierra al fin del mundo; pero los éteres de su país natal se asoman en sus canciones, en sus composiciones; todos los comentarios y críticas de periodistas de espectáculos señalaron los mismo..."su música, sus canciones son muy "spinetteanas", ante lo cual se sintió orgulloso, y yo también estoy orgullosa de él. Spinetta siempre me gustó y me afectó su partida..., pero al escuhar la música de Diego lo vuelvo a rescatar, y a sentir en sus acordes de guitarra y hasta en su voz. Para muestra, un botón.
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